VINYASA YOGA
Comprender el cuerpo también en movimiento
Vinyasa introduce otro elemento fundamental en la práctica: la transición. Las asanas dejan de ser únicamente posiciones que mantenemos y empiezan a relacionarse unas con otras a través del movimiento y de la respiración.
Esto desarrolla coordinación, fuerza, movilidad y continuidad, pero también plantea una cuestión especialmente interesante:
¿Podemos conservar atención y organización mientras nos movemos?


Movimiento y respiración
En Vinyasa la respiración ayuda a ordenar el ritmo de la práctica. No buscamos movernos deprisa ni encadenar posturas por acumular intensidad.
El movimiento tiene una dirección y una intención.
Una postura prepara la siguiente y las transiciones también forman parte del aprendizaje.
Trabajamos así la capacidad de pasar de estabilidad a movilidad sin perder completamente la organización corporal.
Vinyasa en nuestra forma de practicar
Mi práctica y formación en Vinyasa y Ashtanga han aportado a mis clases la relación entre respiración y movimiento, la construcción progresiva de secuencias y el trabajo dinámico del cuerpo.
Por eso algunas partes de una clase pueden ser fluidas y continuas.
Podemos enlazar posturas de pie, trabajar diferentes variantes de saludos al sol o utilizar pequeños vinyasas para investigar una acción mediante la repetición. Pero el movimiento nunca sustituye a la observación.
Cuando es necesario, nos detenemos.
Analizamos una postura, utilizamos un soporte, modificamos una acción y después volvemos a movernos.
Fluir no significa pasar rápido por las posturas.
Significa aprender a mantener la atención también durante el cambio.
Así integramos el Vinyasa dentro de una práctica más amplia, donde movimiento, alineación y respiración se complementan.
